2007/01/23

Information gilt für alles - Aprender sin barreras



Ein Beispiel vielen Bäume die in der Stadt gepflantz sind und von denen man ihren Name und Ursprung erfahren kann. Keine schlechte Idee, oder seid Ihr nicht in eine solche Situation wo jemand fragt wie ein bestimmter Baum heißt und wir nicht Biologen oder nicht genug wissenschaftlich engagiert keine Ahnung davon haben? Es ist nicht lebenswichtig doch aber schön anders. Allerdings ein Detail der einen großen Unterschied zwischen Kulturen und Städte macht.

¿No les ha pasado, una vez en la vida al menos, que alguien pregunta cómo se llama un árbol plantado en la calle de una ciudad y no tenemos ni idea, ni del nombre ni de si siempre estuvo ahí, si es un árbol nativo o de dónde viene? No saberlo no hace ningún daño, si no somos biólogos, botánicos o encargados del patrimonio urbano –Sí, los árboles son también parte del patrimonio de las ciudades, como el magnolio o el urapán (entre otros) lo son en Bogotá–, pero es un detalle que hace una gran diferencia en el diseño de información. De esas pequeñeces se construye la singularidad.

Kommentare:

VILLAMIX hat gesagt…

Tan singular como ese urapán ubicado en Colseguros, al frente de la arenera, al cual nuestro amigo Oscar decidió patear en un arranque de ira y despecho cuando fue victima del desamor.

Aparte de ser patrimonio urbano, los Urapanes son putamente duros, como puede dar fé Oscar, que lució un yeso en su pierna goleadora durante 4 meses gracias al citado árbol.

Oliver Plata hat gesagt…

Jajajaja, me hizo reír, el doloroso flashback.

Yo recuerdo estar regresando de mi absurda jornada de estudio –eso de estudiar por la tarde fue una de las estrategias de aislamiento más crueles, definitivamente la fuerza de nuestra amistad ha superado toda artimaña–, cuando veo a Oski venir acercándose con lágrimas en los ojos, que para ese momento no diferenciaba de las de despecho, rabia o inmenso dolor –físico–, pero sobre todo con un caminar muy diferente al habitual suyo. Claro, iba caminando con un pie roto. Y aumentando la absurdidad, auto-roto.
Yo pensé en el fútbol, era lo más imaginable en él.
Me lo explicó como quien dice que se acaba de comprar una hamburguesa, o de hablar por teléfono: "Le dí una patada a un árbol". Con esa lapidaria explicación, cada uno siguió su camino, el mío recto, como es hábito y el suyo, en esa oportunidad, un tanto chueco, todo lo que la lesión se lo imponía.